TEMPOS FRÍOS, ADORMENTADOS con MEDIO PAN Y UN LIBRO DE LORCA

Son tempos de inverno. A época do acivro en flor, unha flor vermella que invita a trabala entre os dentes e a ser estoupada con sensualidade entre os nosos beizos. E escribindo isto lembro o verso de Rosalía “amoriñas entre as silveiras que eu lle daba ao meu amor”, ou algo así, pois na miña memoria ficou con esas verbas. E non sei por que aseméllanseme as amoras, os amorodos e as baias de acivro, igualmente voluptuosas.

Mais os tempos de inverno dos que tiña pensado falar son máis fríos ca esa cor vermella do froito do acivro. Son coma o aceiro: tempos fríos, cortantes, implacables… Son os tempos medievais que se aveciñan. A xente sen traballo, sen casa… o adormecemento como vacina, para non sentir. E os pobres máis pobres. E a clase media formada, a se extinguir, para non pensar.

Onte, na barra dun bar, acompañada dun “gin-tónic”, do compañeiro e da música de Gabinete Galigari, divagamos, filosofamos e de súpeto… sentín o inmenso baleiro que sentira o día en que me decatei de que máis alá desta vida nada hai. Que somos coma as pitas, morremos e todo se acaba aquí. Pois ben, logo de filosofar, sentín o frío aterrador de ver que á xente o de ter unha formación, uns coñecementos.. parece non dicirlle nada… O deterioro e mesmo desaparición do ensino público parece non afectar, porque parece ser que primeiro é o comer, pero para ter de comer é importante saber pensar e ser críticos… E diso xa ninguén sabe nin se entera… E vai chegar o momento en que nos manipulen como máquinas, seremos escravos, servos das máquinas de facer cartos… Non acadaremos nin o rango de replicantes, non saberemos replicar.

E a frialdade sentina ao escoitar que os que gobernan agora, os famosos tecnócratas, invirten nos países como en accións de calquera empresa, e non lles importa que un país se afunda con tal de gañar… Eses grandes irmaos xogan ao monopoli e nós somos os peóns. E as diferenzas fanse cada vez maiores, e ábrese unha fenda cada vez maior… E vén o tabeirón e pápanos…

Ai! Sentín un arreguizo xélido… E lembrei a Lorca, aquilo de “Medio pan y un libro”

Locución de Federico García Lorca ao pobo de Fuente Vaqueros (Granada). Setembro, 1931.

“Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

TEÑEN ACTUALIDADE AS PALABRAS DE LORCA, NON SI?

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